Los malos habidos en la alimentación y el estilo de vida sedentario adquiridos durante la infancia, pueden llevar al niño al  SOBRE PESO y a la OBESIDAD, con consecuencias preocupantes para su salud tanto en la infancia como en la vida adulta.

Las principales consecuencias de la obesidad  son las enfermedades cardiovasculares, vale decir enfermedades en el corazón y en la circulación de la sangre. Ya antes de los 3 años de vida en los niños con obesidad se observan depósitos de grasa en las principales arterias de su cuerpos (aorta y arterias coronarias) con engrosamiento de la misma (proliferación celular) y reducción de su luz lo que provoca que el corazón se esfuerce para poder llevar sangre al cuerpo y las arterias estrechas no pueden transportarla, efecto que se puede observar ya a partir de los siete años de edad.

¿Cómo podemos evitar esta situación?

Los buenos hábitos en la alimentación deberán iniciarse desde temprano en la vida, con  lactancia materna exclusiva hasta la edad de 6 meses. A partir de entonces con alimentación equilibrada evitando alimentos con exceso de grasa como carnes grasosas, evitando el consumo de masas en exceso, no aportando azúcar en el primer año de vida, con poco aporte en los siguientes años de vida y promoviendo el consumo de frutas y verduras.

La actividad física debe iniciarse y promoverse desde temprano en la vida, estimulando en el lactante el movimiento y desarrollo motor. Los niños aprenden de lo que ven por lo que el cambio en la dieta y en la actividad deberá ser una actitud familiar. Los adultos repetimos en nuestra vida lo que aprendimos de niños.

Dr. JOSE LUIS CHAVARRIA RUIZ

PEDIATRA NEONATOLOGO